La salud digital, gracias a servicios como los mencionados anteriormente, permite aplicar nuevos métodos, medios, herramientas y canales que repercuten en una serie de beneficios:
Mejora la monitorización de los pacientes
El contacto es más directo al abrirse una vía de comunicación digital que reduce la distancia médico-paciente. La tecnología también permite monitorizar el estado de salud de los pacientes para registrar su evolución en tiempo real.
Los pacientes cuentan con más información
Al tener un mayor conocimiento y gestión sobre su propia salud, los pacientes pueden tomar mejores decisiones al respecto. También permite el acceso a manuales y buenas prácticas a través de las TIC, algo muy útil, por ejemplo, durante una pandemia si las fuentes son de confianza.
Ayuda a adquirir hábitos más saludables
Las nuevas tecnologías están modificando la manera en que nos cuidamos, ya sea registrando lo que comemos, el ejercicio físico que hacemos o monitorizando el sueño o la frecuencia cardíaca a través de aplicaciones y otros dispositivos tecnológicos.
Facilita la toma de decisiones del personal sanitario
El uso de la salud digital también está transformando el manejo de las enfermedades por parte de los profesionales. La tecnología permite, por ejemplo, identificar más fácilmente las intervenciones óptimas o la detección precoz de enfermedades.
Fomento de una sanidad más accesible y equitativa
El acceso a los servicios sanitarios se vuelve independiente del tiempo y el espacio, y evita desplazamientos innecesarios. Además, acerca la salud a más gente, sobre todo a enfermos en riesgo de exclusión, generando mayor igualdad de oportunidades.
Mejora la eficiencia de los hospitales y los centros de salud
La conectividad de estas instalaciones agiliza el funcionamiento del sistema sanitario, minimiza el margen de error humano y disminuye los costes. Además, técnicas como el big data permiten automatizar procesos.